ESTABLECER LÍMITES RAZONABLES

El primer paso para enseñar autocontrol en los niños es el establecimiento de unas normas basadas en criterios razonables. Deben adecuarse a cada niño y a su circunstancia particular, y es necesario que sea coherente y compartida por ambos padres.

Podemos desorientar a un niño ante el tema de autoridad si por ejemplo, los padres deciden un día consentir y otro castigar, permitir una conducta en determinadas circunstancias y prohibirla en otras parecidas; mostrarse rígidos en unas ocasiones y en otras ceder fácilmente, o mostrar desacuerdo y discutir delante de ellos sobre lo que es adecuado y lo que no.

Hay otras etapas como la adolescencia, que se caracterizan por cierta tendencia a la rebeldía, hay que entenderla como propio de esta edad, no como un cambio a peor. A veces los padres tienen sentimientos de culpa, de duda sobre la eficacia de la educación que han llevado a cabo, de miedo de pérdida de control o influencia sobre el hijo.

La adolescencia debe entenderse desde el punto de vista del joven, que está buscando su propio espacio y a sí mismo en una sociedad que no acaba de comprenderle. Se debate entre la dependencia y lo conocido y la búsqueda de independencia y de novedad. La lucha interna se irá dirimiendo más positivamente cuando más sólidos hayan sido las bases asentadas en los años anteriores.

El diálogo y la comunicación son importantes. Es importante no tomar como algo personal algunas alteraciones de conducta de los adolescentes.

SUPERVISIÓN Y DESARROLLO DEL AUTOCONTROL

Los padres deben supervisar, atender y conocer algunos aspectos esenciales en la vida de su hijo:

  • cuidado personal: cuestiones relativas a su salud, alimentación, horarios, aseo, aspecto físico, vestimenta.
  • Amistades: con qué personas se relaciona, cómo es su grupo de amigos..
  • Tiempo de ocio: a qué lo dedica, qué aficiones tiene, adónde suele ir..
  • Estudio: asistencia y comportamiento en clase, estudio en casa, resultados académicos…

 

El conocimiento sobre qué hace en su tiempo libre y las actividades que realiza nos da información sobre sus intereses: las actividades que prefiere, los libros que suele leer, los deportes que practica, los vídeos o programas de TV que le gustan, el uso de Internet..

Muchas de las actividades diarias las irá realizando progresivamente con más autonomía y bajo la supervisión inicial de los padres. En algunos aspectos será preciso establecer límites claros desde el principio, y luego ir revisándolos. Por ejemplo, aprender a ocuparse del orden y la limpieza de su cuarto, respetar los espacios y pertenencias del resto de la familia, así como los espacios comunes.

Si no se delegan actividades ni se ponen límites a los niños cuando son pequeños, será más difícil hacerlo cuando crezcan. Si, los padres razonan el porqué de los límites, se consiguen que el niño interiorice las normas y el sentido de las mismas, y permiten que realice con autonomía y responsabilidad las diversas actividades, probablemente no será verán en la necesidad de vigiar y controlar su comportamiento.

Es más adecuado seguirlos de cerca, interesarnos y saber cosas de su vida, que no agobiarles ni sonsacarles con interrogatorios.

El hecho de ser padres no da licencia para inmiscuirnos en su intimidad, revisar cajones, escuchar sus conversaciones telefónicas, leer su diario o mensajes del móvil…No podemos enseñarles a respetar la intimidad de los demás si no respetamos la suya.

La actitud de desconfianza puede dar lugar a suspicacias, distanciamiento, reserva y engaños.

El autocontrol no es una cualidad sólo deseable, sino necesaria. Por otro lado unos padres que se ven obligados a supervisar a diario a su hijo pueden terminar agotados. No es cuestión de dejarle libre y que “vea lo que tiene que hacer. Se trata de delegar, de poner en él la responsabilidad.

La dificultad que algunos padres encuentran en dar mayor autonomía a sus hijos puede estar relacionado con una actitud excesivamente protectora, o con un carácter demasiado exigente y perfeccionista. A veces la barrera principal es su propia desconfianza e inseguridad, o una elevada necesidad de control.

Por otro lado, los hijos pueden también rechazar las responsabilidades, mostrando una actitud de inmadurez y excesiva dependencia, con temor a no ser capaces de responder adecuadamente a lo que se les pide, y miedo a las posibles consecuencias.

 

ALGUNAS RECOMENDACIONES EFICACES SON:

  • Depositar confianza en el niño
  • Motivarle y apoyarle.
  • Definir con la máxima claridad sus responsabilidades
  • Clarificar cómo se realizan adecuadamente las conductas que se espera que haga.
  • Determinar los resultados que se esperan de él.
  • Permitir un margen de error en los mismos
  • Supervisarle puntualmente, realizando sólo los controles precisos

Reconocerle y felicitarle por sus progresos.