La tarea de ser padres a la vez que estimulante y enriquecedora no deja de ser compleja. Por eso necesita en muchas ocasiones de orientación y guía para favorecer que el cuidado a nuestros hijos sea el mejor que podemos ofrecerles.

Aunque con los mejores propósitos y siguiendo sus criterios muchos padres se plantean dudas sobre si lo estarán haciendo bienEste entrenamiento parte de la idea de que la educación no sólo debe recaer en manos de profesores, sino que los padres son los primeros que dirigen el estilo de crianza y educación de sus hijos. Las palabras, gestos y comportamientos de los padres transmiten sus expectativas y son capaces de desarrollar actitudes, despertar emociones y fomentar conductas en los niños.

Desde el Gabinete Psicológico ALBIA se entiende por educación el arte de enseñar a pensar de manera autónoma y de forma crítica, pretendiendo que cada niño tenga la posibilidad de aprovechar sus potencialidades, enseñándole habilidades de superación.

Se pone de relieve también la importancia de transmitir valores y sobre todo de buscar el desarrollo integral y pleno de los hijos.

Se identifican las peculiaridades de cada edad a la vez que se enseñan estrategias y habilidades que fomentan conductas adecuadas y saludables. Por otro lado, también se aprende el manejo y comunicación de las emociones con los niños.

Abordamos temas que preocupan a muchos padres, como los celos, problemas para comer, dificultades para dormir; control de esfínteres, rivalidad entre hermanos; premios y castigos, rabietas…etc.

Los aspectos básicos sobre los que se asienta este aprendizaje son:

- El afecto, el cariño, la aceptación y el reconocimiento

- El diálogo, la comunicación, la escucha y la comprensión

- La coherencia, el criterio y el sentido común

- El respeto, la consideración y los valores humanos.

El trabajo de educar requiere un esfuerzo continuado y consciente, en el que es necesario revisar las actitudes propias, aprender a conocerse mejor y a conocer, entender a los hijos. En algunos casos habrá que modificar hábitos muy arraigados o mejorar habilidades sociales que intervienen en la relación con los niños.