A medida que nos hacemos mayores se producen una serie de cambios a nivel fisiológico, intelectual y social. Pueden aparecer al igual que en otros grupos de edad, problemas de adaptación que lleven a experimentar síntomas de angustia, indefensión, depresión, irritabilidad, trastornos del sueño, sentimientos de soledad, duelo o alteración de relaciones familiares y sociales.

A algunas personas les asusta envejecer y no están preparadas para vivir esta etapa vital con plenitud En este sentido es importante aprender a enfrentarse a las nuevas situaciones satisfactoriamente.

Por otro lado las circunstancias sociales actuales están llevando a que en las familias los abuelos estén adquiriendo roles distintos a los tradicionales, y puedan derivar en que se encuentren más estresados o desbordados por las responsabilidades asumidas.

En las personas de más edad a veces resulta difícil distinguir la incapacidad física del efecto de un prolongado o intenso conflicto emocional que ha quedado sin resolver. El hecho de superar dichos conflictos hace que se mejoren los síntomas físicos o que sean más fáciles de soportar.

 

Demencia

Aunque en las primeras etapas es difícil distinguir entre el envejecimiento normal y una demencia, la frontera queda delimitada por la capacidad de seguir realizando las actividades de la vida diaria, de forma más o menos autónoma. La pérdida acusada de memoria reciente, la desorientación y las dificultades para realizar actividades cotidianas son los primeros indicios de una posible demencia.

Es muy importante la orientación y el apoyo a los cuidadores y familiares de estos enfermos.

 

Estimulación cognitiva

Es conveniente tanto en el envejecimiento normal como en personas que se encuentren en fases iniciales de una demencia.

En el Gabinete Psicológico ALBIA se realiza un programa de recuerdo y de mejora de la memoria y otras facultades intelectuales, que resulta muy beneficioso.

El entrenamiento mental tiene entre otros objetivos: preservar las capacidades mentales el máximo tiempo posible, potenciar la autonomía y con ello la autoestima, compensar déficits sensoriales, disminuir la ansiedad y la confusión, facilitar la interacción con el entorno físico y humano…etc. En definitiva, mejorar la calidad de vida.